viernes, 25 de mayo de 2018

Frases de "La Madre" de Máximo Gorki



Máximo Gorki, seudónimo de Alekséi Maksímovich Peshkov, fue un escritor ruso que tuvo mucha influencia en la literatura, política y cultura de su tiempo. Identificado con el movimiento soviético contra el régimen zarista, utilizó sus obras literarias para expresar sus posiciones políticas. Las obras de Gorki (teatro, novelas, ensayos), fueron alimentadas por el día a día de la clase trabajadora rusa, matizadas por sus experiencias personales (como todo escritor) e influenciadas, seguramente, por sus relaciones con Vladímir Lenin, León Tolstói y Antón Chéjov.


La Madre es una de las obras más representativas de Gorki. La historia se desarrolla en el contexto previo al intento de revolución que se dio en 1905 contra el régimen zarista, mismo que sería precursor de la Revolución Bolchevique de 1917. La Madre cuenta la historia de Pelagia, una mujer rusa que se ve violentada por su esposo durante todo su matrimonio. Cuando él muere, Pelagia se queda acompañada de su hijo Pável —Paul, en otras versiones—, quien también había sido víctima de la patanería y agresividad del padre. Durante algún tiempo, Pelagia parece resignarse con la idea de que su hijo seguirá el camino del padre, emborrachándose y comportándose de manera agresiva con ella. De un momento a otro, Pável deja de ser agresivo, pero se vuelve cada vez más distante. Pável se ha unido a un grupo de socialistas en la fábrica donde trabaja, y se ha convertido en uno de sus líderes principales.




Pável empieza a reunirse en la casa con sus compañeros. Con cada reunión, Pelagia se va enterando de lo que su hijo predica, mostrando un total rechazo hacia sus ideas políticas. Esta actitud, más que rechazo, es un miedo que nace de Pelagia producto de lo que vivió con su esposo. Cualquier acción que confronte lo que ella conoce y cree que es normal —por el simple hecho de que siempre ha sido así—, la llevará a mostrar temor. Haciendo un paréntesis de la trama de la novela, la reacción de Pelagia comprueba el gran daño que una persona violentada recibe en su autoestima y en su deseo de cambiar su realidad. Sin embargo, la constancia de las reuniones atacan las bases de sus temores y, poco a poco, Pelagia va adoptando como propias las ideas de su hijo. Pelagia comparaba el socialismo con la religión, ella consideraba que ambos buscaban el bien para todos los hombres y mujeres. Respecto a esto, en un pasaje de la novela, Gorki dice sobre Pelagia:

Sin darse cuenta, rezaba menos, pero pensaba más en Cristo y en los que, sin nombrarlo, hasta fingiendo ignorarlo, vivían (así le parecía a ella) según sus preceptos y semejantes a El; pensaba que la tierra era el reino de los pobres y quería distribuir por igual entre los hombres todas las riquezas de este mundo (...) Parecía a la madre que el propio Cristo, a quien siempre había amado con un amor confuso, con un complejo sentimiento en que el miedo se mezclaba inexplicablemente a la esperanza, este Cristo le era ahora más próximo, que era ya diferente, más alto y más visible para ella, con una faz más alegre y más clara. Se diría que verdaderamente había resucitado, lavado y vivificado por la sangre ardiente que generosamente vierten por el amor del amigo de la humanidad, aquéllos que tienen el pudor de no nombrarlo.

En el año 1926, La Madre fue llevada al cine por el soviético Vsévolod Pudovkin. La película tuvo una duración de una hora y seis minutos y fue grabada en formato de película muda.

A lo largo de toda la novela, Gorki narra las aventuras que Pelagia vive en su camino por conocer, adoptar, defender y difundir el socialismo. En su travesía, conoce a muchos amigos y compañeros de Pável que ella acoge como su misma familia. Celebra sus victorias y sufre sus persecuciones y necesidades. Todo eso la llena de dicha y valor; y conoce, por fin, qué es vivir con un propósito. Llega a entender que ella es importante, no solo para su hijo, sino también para las personas con las que colabora y para aquellas que, sin conocerla, reciben algo de ella por medio de los materiales que distribuye, ya que Pelagia se encarga de repartir los pasquines, escritos con mensajes para los obreros, en las fábricas y zonas alejadas de la ciudad. Al final de la novela, Pável y sus compañeros son arrestados y exiliados a Siberia, y Pelagia es descubierta por un espía cuando se dirige a repartir pasquines. Ahí es confrontada y golpeada por el espía, Gorki no aclara si Pelagia muere o no, pero la escena indicaría que ella muere.


Como comentario personal, a muchas personas no les gusta que los personajes mueran, sin embargo, yo considero que el escritor debe hacer lo que sea con los personajes para que la historia funcione. No se trata de contar historias felices —aunque de eso hay muchos libros, lo sé—, se trata de narrar, y narrar es plasmar vidas. Nuestras vidas no son precisamente perfectas, tienen decesos, sorpresas, injusticias, luchas; y sí, también alegrías, pero no son permanentes. Tampoco se trata de que yo espere finales trágicos siempre; pero, por ejemplo, a mí me encantó que María —de la novela del mismo nombre— y Emma Bovary murieran, eso le dio algo a esos libros que me llenaron más. Y sin embargo, deseé finales diferentes para "los villanos" de otras novelas —quería una pareja para el monstruo de Frankenstein y que Drácula no muriera—. En el caso de La Madre, aunque Gorki no diga "Pelagia murió por la golpiza del espía", me gusta pensar que así sucedió. Ahora les dejo las frases que más me gustaron de esta novela:

Por todas partes la vida del trabajador es la misma y, puesto que es así, ¿para qué hablar de ella?


Sabía que a los hombres no les queda más que la taberna para estar a su gusto, ni tienen otro goce que el alcohol.


—¡No llores!— dijo Pável, con voz acariciadora, que a la madre le pareció una despedida.


Las fábricas se desarrollan y la gente se muere trabajando para ellas.


Hay que desconfiar de la gente; todos se odian. Viven para la codicia. Todos se sienten dichosos haciendo el mal.


La gente es mala, sí... Pero cuando supe que había una verdad en la tierra, todos me parecieron mejores.


El corazón se me puso más tierno al saber que había una verdad, no todos tienen culpa de lo ignominioso de su vida.


Con tales recuerdos, el corazón humillado se le apretaba de lástima por ella misma.


Los que dicen que debemos saberlo todo, están en lo cierto (...) Hay que conocer toda la verdad, toda la mentira.


No hacemos ni haremos nada malo. Mas, con todo, la cárcel nos aguarda, entérate.


¡El mundo es de los obreros! Para nosotros no hay naciones ni razas: solo hay camaradas... y enemigos.


Todos los obreros son nuestros amigos; los ricos, todos los que detentan autoridad, nuestros enemigos.


Cuando la llamaba 'madrecita', era como si le acariciara las mejillas la mano suave de un niño.


Me he pasado la vida atormentándome sin saber por qué; bien puedo hacer algo por un buen hombre.


Mejor explícales a esas tontuelas lo que es el matrimonio y no se apremiarían tanto a dejarse romper las costillas.


Cuando se aspira a lo porvenir, hay que renunciar a todo lo presente... ¡a todo, hermano!


Hubiera querido decirle palabras cariñosas, pero se le apretaba el corazón de lástima y la lengua no le obedecía.


Cada cual teme el golpe del vecino y trata de golpearle primero. ¡La vida es así, madrecita!


Las madres tienen lágrimas bastantes para todo... para todo! ¡Si tiene usted madre, de seguro lo sabrá!


Duele más que el tormento aún, cuando tocan el alma con manos sucias.


¡Perdona, madre! ¡Olvidé que eres demasiado vieja para que te corten las verrugas!


¡Hay que transformar a Dios, madre, hay que purificarlo! Le han revestido de mentira y calumnia...


¡Hay que transformar a Dios, madre, hay que purificarlo! Le han mutilado el rostro para matarnos el alma...


Hay que crear un Dios justo para todos, un Dios que no sea juez, ni guerrero, sino amigo de los hombres.


Los hombres no confían en las palabras secas... Hay que mojarlas en sangre...


Antes, metían a la gente en la cárcel cuando robaba; ahora, la encierran por decir la verdad.


¡Mal negocio haber nacido mujer! ¡Qué asco de vida! Vivir sola es difícil, pero con otro, más difícil aún.


¡Hay que tener precauciones cuando se quiere tocar al pueblo, que soporta mucho, y un día, de repente, estalla!


El muchacho es bueno, le gustan los perros, los ratones y todas las criaturas, pero la gente no.


No es cosa de personas, sino de ideas... y a las ideas no se les puede coger como a las pulgas...


¡Estoy aprendiendo a leer! —exclamó sollozando—. Llega el momento de morir, y yo me pongo a aprender.


Mira, primero hay que armar la cabeza y solo después las manos; es mi opinión.


¡Señor! Cuánta gente hay en el mundo... y cada cual se queja a su modo... ¿En dónde estarán los felices?


¡Han transformado a los hombres en carabinas, en garrotes, en guijarros, y a eso le llaman civilización!


Al hombre del campo no le entra curiosidad de saber de dónde vino la tierra, sino cómo se distribuyó y cómo los propietarios consiguieron arrancarla de debajo de los pies del pueblo.


¡Nuestro Señor Jesucristo no hubiera venido al mundo si los hombres no perecieran por su gloria!


El dinero —continuó Ivánovich, riéndose— es cosa muy desagradable e incómoda. Tan molesto de recibir como de dar.


Toda la vida tuve miedo... y ahora que hay razones para temer, casi no lo tengo ya... ¿Por qué me pasa esto? No sé.


El pueblo reza mucho, pero a Dios, probablemente, no le queda tiempo para escucharle. ¡No le oye!


Yo no soy una señorona, sino un ser que piensa, padece y gime —replicó Sofía.


—¡Deberías echarte algo encima; hace frío!
—¡Yo, el calor lo tengo por dentro! —replicó .


Corre la gente sin saber nada, sin admirar nada, porque ni tiempo ni gana le queda.


Se vive cuando se espera algo bueno; pero ella nada tenía que esperar, a no ser ultrajes.


Llamaba irresistiblemente la atención con su hablar simpático y su seguridad de mujer que vio y retuvo muchas cosas.


No tuvo fuerza para contestarle con palabras, y se hubo de contentar con estrecharle la mano, sin hablar.


Hasta en el cielo encuentra estrechez el rico... Siempre ocurre así.


—¿Casado?
—¡Viudo!
—¡Por eso tiene tanto valor! Un hombre casado no se portaría así... tendría miedo.


En medio están los que lamen las manos de la gente que golpea y chupa la sangre de los golpeados.


¡El corazón de los jóvenes está siempre más cerca de la verdad que el de los viejos!


Somos revolucionarios y lo seremos en tanto que los unos no hagan más que oprimir a los otros.


Dile que oí su discurso, que no le entendí todo... y hasta me dio miedo en ocasiones, pero que es verdad lo que dice.


¿Sabe que da gusto estar con usted? ¡Sí! Es como estar sobre una montaña muy alta al amanecer.


La novela es un poco extensa, pero vale la pena leerla, se disfruta cada página. Si quieren la novela, acá la pueden leer y descargar en PDF. Aclaro que esta es una versión diferente a la que yo leí, por eso a Pável le llaman Paul y las frases pueden variar —sí, así como las letras pequeñas de los contratos ja, ja—, pero la esencia es la misma. Espero que la disfruten. ¡Felices lecturas!

viernes, 27 de abril de 2018

Frases de "La Vorágine" de José Eustasio Rivera



José Eustasio Rivera vivió de cerca la vorágine de la selva en la frontera colombo-venezolana. En los años veinte, mientras se desempeñaba como secretario abogado de la Comisión Limítrofe de esa frontera, Rivera escribió La Vorágine. Respaldado por sus experiencias personales como parte de esta Comisión, no dudó en denunciar todas las injusticias que se daban en estas zonas contra los colonos, que trabajaban en la explotación del caucho, y la indiferencia cómplice del gobierno. Rivera no solo denunció estas violaciones a los derechos humanos por medio de su novela, también lo hizo de manera oficial en diversas publicaciones en la prensa de Colombia, sin embargo estas denuncias no fueron escuchadas.




Por supuesto, La Vorágine no es valiosa solo por la denuncia que Rivera hace a través de ella, sino también por su calidad literaria. Tuvo un gran impacto por la forma en la que describe la voracidad de la selva como contexto literario donde se desenvuelve la trama, también la descripción de los ambientes internos de cada personaje —brindándonos una descripción incomparable de la selva que cada uno lleva por dentro— y de las atmósferas emocionales que envuelven a estos. José Eustasio nos muestra que la vorágine no era solamente la que se vivía en la selva por las condiciones dadas por la naturaleza, la vorágine también estaba presente en las relaciones de poder entre los personajes (los colonos y los patronos, por ejemplo) y en los sentimientos y emociones que nacían y se mutaban en Arturo Cova (amor, pasión, venganza y posesión por Alicia, por mencionar algunos).




Arturo Cova, personaje principal y también el principal de los narradores, se encausa en una aventura de amor y pasión con Alicia, una joven de familia acomodada que decide huir con Cova en busca de libertad lejos de la casa de su padre y de las limitaciones en su poder de decisión impuestas por la sociedad. Los amantes huyen a la zona rural, donde conocen a Griselda, quien se vuelve amiga de Alicia. Griselda, motivada por deseos ambiciosos, convence a Alicia de irse a las caucherías a trabajar con Barrera, negociante del caucho y poseedor de una gran fortuna con la que impresiona y engaña a Griselda. Cova, al darse cuenta de que Alicia se ha ido con Griselda, decide ir en busca de ella junto con Franco —marido de Griselda—. En su travesía, se van dando cuenta de lo que los colonos, los caucheros, sufren en sus jornadas interminables de trabajo. Es ahí donde Cova, motivado por el deseo de venganza contra Barrera, y también por un sentido humano que la selva le despierta, decide iniciar un plan para denunciar todas estas situaciones.




La Vorágine posee más de Rivera de lo que él, quizá, se hubiese imaginado. Cuando leemos La Vorágine, lo encontramos en Arturo Cova, lo encontramos en esa ansia desesperada de justicia, de libertad y de orgullo viril que lo hacía balancearse entre la cobardía maquinada y la valentía impulsiva. A él, a Eustasio, y esto es especulación bien conocida —y un spoiler para quienes no han leído el libro—, también se lo devoró la selva.

Ejemplar de La Vorágine que me regaló mi amiga.

Ahora, acá están las frases que más me gustaron de La Vorágine, que lo leí hace unos dos años cuando una muy buena amiga me regaló un ejemplar de la novela, por cierto.

En vano mis brazos —tediosos de libertad— se tendieron ante muchas mujeres implorando para ellos una cadena. Nadie adivinaba mi ensueño. Seguía el ·silencio en mi corazón.


Le dije una noche, en su escondite, resueltamente: ¿Cómo podría desampararte? ¡Huyamos! Toma mi suerte, pero dame el amor. ¡Y huimos!


Aunque ahora recibas el calor de su sangre y sientas su respiro cerca de tu hombro, te hallas, espiritualmente, tan lejos de ella como> de la. constelación taciturna que ya se inclina sobre el horizonte.


Yo que he vivido lo suficiente para saber que nq es cuerdo replicarle a una mujer airada, permanecí mudo, agresivamente mudo.


Aunque no te ame como quieres, decía, ¿dejarás de ser para mí el hombre que me sacó de la inexperiencia para entregarme a la desgracia? ¿Cómo podré olvidar el papel que has desempeñado en mi vida?


—¿Y sabes que soy ridículamente pobre?
—Demasiado me lo repitieron cuando me visitabas. El amparo que ahora te pido no es el de tu dinero, sino el de tu corazón.


A veces, bajo la transparencia estelar, cabeceaba alguna palmera humillándose hacia el oriente.


Todavía conservaba ese aspecto de dignidad que denuncia a ciertas personas venidas a menos.


El más grave problema lo llevo yo, que sin estar enamorado vivo como si lo estuviera, supliendo mi hidalguía lo que no puede dar mi ternura, con la convicción íntima de que mi idiosincrasia caballeresca me empujará hasta el sacrificio, por una dama que no lo es mía, por un amor que no conozco.


Viviendo entre mujeres sencillas, no he encontrado la sencillez, ni entre las enamoradas el amor, ni la fe entre las creyentes.


Tirándola al suelo, se echó en mis brazos: —Tú debes tener razón, y si no la tienes, te la concedo.


Allí en esos -campos soñé quedarme con Alicia, a envejecer entre la juventud de nuestros hijos, a declinar ante los soles nacientes, a sentir fatigados nuestros corazones entre la savia vigorosa de los vegetales centenarios, hasta que un día llorara yo sobre su cadáver o ella sobre el mío.


En esta sabana caben muchísimas sepulturas; el cuidado está en conseguir que otros hagan de muertos y nosotros de enterradores.


Apoyando en el tranquero los codos, comencé a llorar con llanto fácil, sin sollozos ni contorsiones; era que la fuente de la desgracia, vertiéndose de mis ojos, me aliviaba el corazón de tan desconocida manera, que permanecí un momento insensible a todo.


Desconoció la ciencia. del beso y sus manos fueron incapaces de inventar la menor caricia. Jamás escogió un perfume que la distinguiera; su juventud olía como la de todas.


En el fondo de cada alma hay algún episodio intimo,. que constituye su vergüenza. El mío es una mácula de familia: ¡Mi hija María Gertrudis dio su brazo a torcer!


—¡Ay, arrojarte al agua! ¡Arrojarte al agua! ¿Será posible? ¿Y mis dos mil soles? ¿Mis dos mil soles? ¿Quién me paga mis dos mil soles?
—¿Ya no tengo derecho ni de morir?
—¡Eso sería un fraude!


La medianía nos brindó su angustia. ¡Solo fuimos los héroes de lo mediocre!


¡El que logró entrever la vida feliz no ha tenido con qué comprarla; el que buscó la novia, halló el desdén; el que soñó en la esposa, encontró la querida; el que intentó elevarse, cayó vencido!


¡Pobre fantasía de los poetas que sólo conocen las soledades domesticadas!


¡Es la procesión de los infelices, cuyo camino parte de la miseria y llega hasta la muerte!


Arriba, el cielo sin límites, la constelada noche del trópico. ¡Y las estrellas infundían miedo!


Y la odio y la detesto por calurosa, por mercenaria, por incitante, por sus pulpas tiranas, por sus senos trágicos.


Hoy, como nunca, siento nostalgia de la mujer ideal y pura, cuyos brazos brinden serenidad para la inquietud, frescura para el ardor, olvido para los vicios y las pasiones.


¡Tantos en el mundo se resignan a convivir con una mujer que no es la soñada, y, sin embargo, es la consentida, porque la maternidad la santificó!


Nadie la compra porque está encinta. Desde el vientre materno mi hijo la ampara!


Tiene dos antenas como los cangrejos: torpeza en el amor y astucia en el lucro.

Así como con la entrada de Cinco Cerditos, les pedí a otras personas que me dieran su opinión acerca de este libro. Aquí las opiniones de algunos lectores de facebook:

Aurora Karinty: 
Es una gran historia sobre huir de las ciudades para encontrarse a si mismo en medio de la naturaleza. Lo recomiendo.


Marisa Perez Alonso: 
La Vorágine es un libro que pone en diálogo el poder de la naturaleza frente al del hombre. Y pone de manifiesto que el ser humano cree domesticar el orden natural y se equivoca porque es parte él.


Jaqueline Castañeda Bustos: 
Novela literaria colombiana que muestra la crudeza de la colonización de la selva amazónica, y las condiciones de esclavitud a las que fueron sometidos los indígenas durante el tiempo del caucho, el odio, la ambición, la humildad, el amor y la constancia, eso encuentras en este libro.


Luis Carlos: 
Es una novela de denuncia social y política. El autor es testigo directo de la explotación de la Casa Arana y si bien su relato es descarnado, no obstante está lejos de ser panfletario. A estas alturas Cova ya ha dejado de ser un simple intelectual urbano que se adentra en una zona jamás imaginada para conocer una realidad de miseria y explotación infrahumanas en las que las ansias de poderío superan toda esperanza de cambio o de conmiseración cristiana.


Anónimo: 
Me pareció un poco aburrida cuando la leí, aproximadamente en 1991, cuando viví por unos años en Colombia. No obstante, debo decir que la leí medio obligado, ya que fue una asignación de la asignatura "Español" en 8vo grado.
La acción es lenta y toma bastante tiempo en la descripción de la vida y costumbres en la selva. Uno de los temas fundamentales es el de la fiebre de explotación del caucho, algo común en Colombia en la zona que corresponde a los actuales departamentos del Vaupés y Vichada.
Este tema del caucho, con otra óptica mucho más moderna y amena para mi gusto, la trata Vargas Llosa en La Casa Verde. También la película colombiana del 2015 "El Abrazo de la Serpiente" tiene una pequeña alusión a este tema.
Sin embargo, al igual que todas las novelas telúricas suramericanas, considero que su lectura es fundamental para comprender la historia e idiosincrasia de nuestros países.

Les agradezco a las personas que me colaboraron con sus opiniones, y espero que otras personas se animen a leer este libro después de leer la reseña, las frases y las opiniones. En este link lo pueden leer y descargar en PDF. Por cierto, después de que lo lean los invito a que vean la serie de la cadena colombiana RCN sobre La Vorágine (si alguien tiene un link seguro donde se pueda ver, les agradecería que lo compartieran), es una adaptación bien lograda y que uno disfruta mucho más si ya ha leído el libro previamente. ¡Felices lecturas!

viernes, 30 de marzo de 2018

Frases de "Madame Bovary" de Gustave Flaubert

La publicación de Madame Bovary (1856) provocó el escándalo de la burguesía francesa, esclava de mil prejuicios, y el proceso judicial que siguió contribuyó a un éxito editorial sin precedentes. Flaubert veía así cómo su obra servía más para satisfacer el morbo que para deleitarse en el caudal narrativo que contenía. Hoy, Madame Bovary es considerada el auténtico pórtico de la modernidad literaria. (Quelibroleo.com)




Emma creció leyendo novelas cuyos amores idealizó. Elevó los deseos de su vida futura a las más altas expectativas. Ella esperaba una vida pletórica de pasión, amores, lujos, reconocimiento social, felicidad. Siendo una joven provinciana, se casa con el médico Carlos Bovary y se mudan a un pequeño pueblo lejos de la casa de su padre; ahí ve la oportunidad de poder tener la vida que ha soñado y esperado en todos sus años de soltería. Pero Carlos no es el hombre que ella espera, tampoco le da la vida que ella desea y mucho menos le proporciona la pasión de los amores leídos en las novelas. Emma tratará de cumplir todas sus fantasías a cualquier precio. A costa de su marido, comienza una vida llena de lujos excesivos, apariencias sociales, amantes, mentiras. Pero ninguno de estos deseos románticos llevados a la realidad la satisface, mientras el doctor Bovary ve cómo su esposa se pierde, y con ella su familia.




Acá están unas de las frases que más me gustaron de esta novela:

Carlos estaba, pues, feliz y sin preocupación alguna. Una comida los dos solos, un paseo por la tarde por la carretera principal, acariciarle su pelo, contemplar su sombrero de paja, colgado en la falleba de una ventana, y muchas otras cosas más en las que Carlos jamás había sospechado encontrar placer alguno, constituían ahora su felicidad ininterrumpida.


Emma no podía apartar su vista de aquella alfombra que él había pisado, de aquellos muebles vacíos donde se había sentado.


Cuando iba a confesarse, se inventaba pecaditos a fin de quedarse allí más tiempo, de rodillas en la sombra, con la cara pegada a la rejilla bajo el cuchicheo del sacerdote. Las comparaciones de novio, de esposo, de amante celestial y de matrimonio eterno que se repiten en los sermones suscitaban en el fondo de su alma dulzuras inesperadas.


Llamaba a Djali, la cogía entre sus rodillas, pasaba sus dedos sobre su larga cabeza fina y le decía:
—Vamos, besa a tu ama, tú que no tienes penas.
Después, contemplando el gesto melancólico del esbelto animal que bostezaba lentamente, se enternecía, y, comparándolo consigo misma, le hablaba en alto, como a un afligido a quien se consuela.


Emma estaba asomada a la ventana (se asomaba a menudo: la ventana, en provincias, sustituye a los teatros y al paseo) y se entretenía en observar el barullo de los patanes, cuando vio a un señor vestido de levita de terciopelo verde.


Se repetía: “¡Tengo un amante!, ¡un amante!”, deleitándose en esta idea, como si sintiese renacer en ella otra pubertad. Iba, pues, a poseer por fin esos goces del amor, esa fiebre de felicidad que tanto había ansiado.


Emma, apoyada en el vano de la buhardilla, releía la carta con risas de cólera. Pero cuanta mayor atención ponía en ello, más se confundían sus ideas. Le volvía a ver, le escuchaba, le estrechaba con los dos brazos; y los latidos del corazón, que la golpeaban bajo el pecho como grandes golpes de ariete, se aceleraban sin parar, a intervalos desiguales. Miraba a su alrededor con el deseo de que se abriese la tierra. ¿Por qué no acabar de una vez? ¿Quién se lo impedía? Era libre.


Al cabo de unos minutos se detuvo; y cuando la vio con su vestido blanco evaporarse poco a poco en la sombra, como un fantasma, sintió latirle el corazón con tanta fuerza que tuvo que apoyarse en un árbol para no caer.


—¡Qué imbécil soy! —dijo lanzando un espantoso juramento—. No importa, ¡era una hermosa amante!
Y súbitamente se le reapareció la belleza de Emma, con todos los placeres de aquel amor. Primeramente se enterneció, después se rebeló contra ella.


—Porque, al fin y al cabo —exclamaba gesticulando—, yo no puedo expatriarme y cargar con una niña.
Y se decía estas cosas para reafirmarse en su decisión.
—Y, encima, las molestias, los gastos... ¡Ah!, ¡no, no, mil veces no! ¡Sería demasiado estúpido!


A menudo, al mirarla, le parecía a León que su alma, escapándose hacia ella, se esparcía como una onda sobre el contorno de su cabeza y descendía arrastrada hacia la blancura de su seno. Se ponía en el suelo delante de ella, y con los codos sobre las rodillas la contemplaba sonriendo y con la frente tensa.


Ella se inclinaba sobre él y murmuraba como sofocada de embriaguez:
—¡Oh!, ¡no te muevas!, ¡no hables!, ¡mírame! ¡De tus ojos sale algo tan dulce, que me hace tanto bien!


—¿Me quieres?
—¡Claro que sí, te quiero! —le respondía él.
—¿Mucho?
—¡Desde luego!
—¿No has tenido otros amores, eh?
—¿Crees que me has cogido virgen? —exclamaba él riendo.


Me pregunto: ¿Dónde está? ¿Acaso está hablando con otras mujeres? Ellas le sonríen, él se acerca. ¡Oh, no!, ¿verdad que ninguna te gusta? Las hay más bonitas; ¡pero yo sé amar mejor! ¡Soy tu esclava y tu concubina! ¡Tú eres mi rey, mi ídolo! ¡Eres bueno! ¡Eres guapo! ¡Eres inteligente! ¡Eres fuerte!


Se quedó sola, y entonces se oyó una flauta que hacía como un murmullo de fuente o como gorjeo de pájaro. Lucía atacó con aire decidido su cavatina en sol mayor; se quejaba de amor, pedía alas. Emma, igualmente, hubiera querido huir de la vida, echándose a volar en un abrazo.


Lo que es más lamentable, verdad es arrastrar como yo una vida inútil. Si nuestros dolores pudieran servir a alguien nos consolaríamos en la idea del sacrificio.


Él saboreaba por primera vez la indecible delicadeza de las elegancias femeninas. Nunca había conocido aquella gracia de lenguaje, aquel pudor en el vestido, aquellas posturas de paloma adormilada. Admiraba la exaltación de su alma y los encajes de su falda. Además, ¿no era “una mujer de mundo” y una mujer casada, en fin, una verdadera amante?

Según Wikipedia, hasta el 2014, han habido 10 adaptaciones cinematográficas de esta novela. Personalmente solo he tenido la oportunidad de ver una de estas adaptaciones, una de las últimas, la de 2014 dirigida por Sophie Bartes y, sino hubiese leído la novela antes, me hubiese parecido una buena película (no excelente), pero el hecho de haberla leído antes me generó muchas expectativas que no fueron superadas. La película descuida muchos detalles del libro y no hace la suficiente introspección en Emma como para entender qué sentía, pensaba y la motivaba al hacer todo lo que la llevó a su trágico final. Así que recomiendo ver otra de las adaptaciones (también es una tarea para mí), tal vez las que se rodaron en épocas más cercanas a la fecha en la que se desarrolla el libro hayan logrado captar mejor su esencia. Pero no se debe ver la película (cualquiera de sus adaptaciones) sin antes haber leído el libro, así que acá está este link donde lo pueden leer y/o descargar. ¡Felices lecturas!

viernes, 23 de febrero de 2018

Frases de "Casa de Muñecas" de Henrik Ibsen



Casa de Muñecas es la obra más famosa y más representada de Henrik Ibsen. Supuso, por mucho, una revolución en la forma en que se escribía acerca de la mujer en su tiempo (finales del siglo XIX). Aunque Ibsen nunca defendió a Casa de Muñecas como una obra feminista, es considerada como la primera verdadera obra teatral feminista. ¿Es acaso la mujer, sobre todo en el plano de la vida matrimonial, un objeto a merced de la voluntad, el cuidado y los caprichos del hombre? Ibsen nos presenta cómo una mujer es construida para acoplarse a este modelo, pero también nos presenta cómo esa misma mujer puede llegar a tal punto de confrontación que decida romper ese molde.




Nora, la muñeca de esta casa, se vio obligada a contraer una deuda, una gran deuda, a escondidas de su marido, el abogado Torvaldo Helmer. Y precisamente esta deuda fue contraída con el objetivo de salvar la vida de Torvaldo. Ahora, cuando la familia está en espera de una nueva y mejor vida gracias a un nuevo cargo del señor Helmer, el prestamista ha vuelto para cobrar la deuda junto a sus respectivos intereses. Nora no puede permitir que su esposo se entere de esta deuda, pues heriría su viril orgullo. Pero el problema no puede quedar por siempre oculto, al salir a la luz, Nora se da cuenta que Torvaldo nunca la ha considerado como una verdadera compañera de vida, más bien la ha visto como una niña que necesita ser cuidada, una criatura que precisa de protección, como un adorno que sirve para engalanar su casa, como una muñeca.


Es en ese punto donde Nora comprende que durante toda su vida siempre ha estado disponible y dispuesta para los hombres de su vida: su padre, de niña; y ahora, su marido. ¿Qué puede hacer una mujer casada, con tres hijos y sin estabilidad económica para librarse del hombre que la salvó al prestarle dinero y ahora le exige pagar esa deuda? ¿Qué hace esa mujer cuando se da cuenta que ha convivido por años con un hombre al que le es indiferente si ella ha cometido un error o no, porque simplemente él considera que ella está hecha para cometer errores y ser salvada por él? ¿Qué puede hacer Nora cuando se da cuenta que toda su vida ha sido un juego dirigido por su padre y su marido? ¿Qué decidirá Nora para hacerse cargo de su vida y su destino? Ibsen propone una nueva mujer, una mujer responsable de sí misma y que renuncia a complacer a los demás.




Casa de Muñecas es una obra con poca extensión en páginas, pero rica en cuestionamientos acerca de cómo hemos sido educados hombres y mujeres, y especialmente cómo esa construcción ha sido decididamente beneficiosa para el hombre y perjudicial para la mujer. Acá unas pocas frases que logré rescatar de mi lectura de esta hermosa obra:

—Ahora todo ha concluido, Nora. Mi pobre madre no me necesita ya; la he perdido: mis hermanos, tampoco, porque ya pueden subvenir a sus necesidades por sí mismos.
—¡Qué alivio debes sentir!
—No, Nora, hago una vida insoportable. ¡No tener nadie a quién consagrarse!


Es una de esas amistades de la juventud, contraídas a la ligera, y que después nos estorban frecuentemente en la vida. Para decírtelo francamente: nos tuteamos.


No, no puedo, doctor; ¡es cosa tan enorme!, un consejo, una ayuda y un servicio a la vez...


Y es cierto, por que hay personas amadas y personas agradables.


—Vendrá usted, naturalmente, como antes, porque sabe bien que Torvaldo no puede pasarse sin usted.
—Sí, pero ¿y Usted?
—¿Yo? Veo todo con tan buenos ojos cuando está usted aquí...


Las cinco. Faltan siete horas para la medianoche. Entonces se habrá bailado la tarantela. ¿Veinticuatro y siete? Tengo treinta y una horas de vida.


Cuando la perdí a usted, creí que me faltaba el suelo. Míreme: soy como un náufrago asido a una tabla.


Yo también soy un náufrago asido a una tabla; no tengo a nadie a quien consagrarme, a nadie que necesite de mí.


—¿Qué le parece a usted si esos dos náufragos se tendieran la mano?
—¿Qué dice usted?
—¿No vale más juntarse en la misma tabla?


Un hombre puede resolver más fácilmente esta clase de asuntos que una mujer...


Me has amado como una buena esposa debe amar a su marido; pero flaqueabas en la elección de los medios. ¿Crees tú que yo te quiero menos porque no puedas guiarte a ti misma? No, no, confía en mí: no te faltará ayuda y dirección. No sería yo hombre si tu capacidad de mujer no te hiciera doblemente seductora a mis ojos.


Ahora estamos consagrados exclusivamente el uno al otro. ¡Ah! Mujercita adorada. Nunca te estrecharé bastante. Mira, Nora... quisiera que te amenazara algún peligro para poder exponer mi vida, para dar mi sangre, para arriesgarlo todo, todo por protegerte.


—¡Este es precisamente el caso! Tú no me has comprendido nunca... Han sido muy injustos conmigo, papá primero, y tú después.
—¿Qué? ¡Nosotros dos!... Pero ¿hay alguien que te haya amado más que nosotros?
—Jamás me amaron. Les parecía agradable estar en adoración delante de mi, ni más ni menos.


Cuando estaba al lado de papá, él me exponía sus ideas, y yo las seguía. Si tenía otras distintas, las ocultaba; por que no le hubiera gustado. Me llamaba su muñequita, y jugaba conmigo como yo con mis muñecas.


Quiero decir que de manos de papá pasé a las tuyas. Tú lo arreglaste todo a tu gusto, y yo participaba de tu gusto, o lo daba a entender; no puedo asegurarlo, quizá lo uno y lo otro. Ahora, mirando hacia atrás, me parece que he vivido aquí como los pobres... al día. He vivido de las piruetas que hacía para recrearte, Torvaldo. Eso entraba en tus fines. Tú y papá han sido muy culpables conmigo, y ustedes tienen la culpa de que yo no sirva para nada.


—¡Que no... que no has sido feliz!
—No, estaba alegre y nada más. Eras amable conmigo... pero nuestra casa sólo era un salón de recreo. He sido una muñeca grande en tu casa, como fui muñeca en casa de papá. Y nuestros hijos, a su vez, han sido mis muñecas. A mí me hacía gracia verte jugar conmigo, como a los niños les divertía verme jugar con ellos. Esto es lo que ha sido nuestra unión, Torvaldo.


Escucha, Torvaldo: en aquel momento me pareció que había vivido ocho años en esta casa con un extraño, y que había tenido tres hijos con él... ¡Ah! ¡No quiero pensarlo siquiera! Tengo tentación de desgarrarme a mí misma en mil pedazos. 


Si les ha llamado la atención esta obra de Ibsen, aquí pueden leer la obra y descargar el PDF. ¡Felices lecturas!