viernes, 26 de julio de 2019

Frases de "Los lanzallamas" de Roberto Arlt



A exactamente 77 años de su muerte, y en mi cumpleaños 28, quiero compartir la segunda parte de la obra maestra de Arlt.

Una obra que exigía soledad y recogimiento, esas son las palabras que el mismo Arlt utiliza para introducir la continuación de Los siete locos. Si bien esto es explicado por lo apremiante que era para él, por compromisos económicos, terminar Los lanzallamas; también me atrevo a decir que recoge el espíritu de la novela. Página tras página, Arlt transmite la soledad y desesperanza de los personajes, en especial de Erdosain, algo que es contagioso y adictivo. 

En El guiño, último capítulo de Los siete locos, Erdosain está convencido de que El Astrólogo ha asesinado a Barsut con la ayuda de Bromberg, el Hombre que vio a la partera. Sin embargo, Erdosain es traicionado:

En esa circunstancia ocurrió un suceso extraño, del que no se dio cuenta Erdosain. El Astrólogo, deteniéndose bajo el dintel de la cochera, volvió el rostro hacia el muerto, entonces Barsut, levantando los hombros hasta las orejas, estiró el cuello y mirándolo al Astrólogo guiñó un párpado.

Fuente: Pinterest


A partir de esta traición, la novela va mostrando una faceta más desarrollada de El Astrólogo, Barsut, Hipólita, Bromberg y Ergueta principalmente. En Los lanzallamas, Arlt nos regala una maravillosa evolución de sus personajes, ambientados en una ciudad que es descrita siempre con la carga de los sentimientos, intenciones y deseos del espíritu de estos y de la sociedad que los acoge y desampara simultáneamente. 

Las calles son ahora sucesiones de jardines sombríos, con pinos funerarios que el viento dobla, como en las soledades del Chubut. Criados con saco negro y cuello palomita levantan la guardia frente a las negras y marmóreas guaridas de sus amos. Ruedan automóviles silenciosamente.

Estas descripciones es de las cosas que más he disfrutado de la lectura. Las descripciones de Arlt no solo sirven para trasladarse a un lugar físico, sino que también dan una apreciación del estado espiritual de los personajes y de lo que ellos perciben del estado espiritual de los y lo demás. Es algo que alimenta la acción, los diálogos, y prepara al lector para lo que vivirán los personajes después. 


Fuente: Piel de Zapa

Además, camina extrañado, como a través de una ciudad desconocida. Algunos techos, pintados de alquitrán, parecen tapaderas de ataúdes inmensos. En otros parajes, centelleantes lámparas eléctricas iluminan rectangulares ventanillas pintadas de ocre, de verde y de lila. En un paso a nivel rebrilla el cúbico farolito rojo que perfora con taladro bermejo la noche que va hacia los campos.  

Hay días en los que me gusta ir a caminar solo sólo —abro debate oficial con la RAE— por el placer de ir a caminar, observar a las personas, detenerme en alguna esquina y enfocar mi atención en algún edificio, auto, banca, vendedor, lo que sea. Cuando lo hago, generalmente busco que sea por la tarde, y lo disfruto más si hay viento, poca luz solar y que no haya muchas personas en las calles. El placer de caminar no sería el mismo sin esos elementos que siempre busco. Creo que algo similares son las descripciones de Arlt en su obra, en Los lanzallamas sobre todo. Toda la acción y los diálogos no serían lo mismo si no cargara las calles, los techos, la luz y todo el ambiente de esa desesperanza y soledad. Personalmente, he disfrutado más la lectura de esta segunda parte que de la primera. Aquí las frases que he guardado:


Lo notable es que cada tristeza es distinta de la otra, porque cada una de ellas se refiere a una alegría que no podemos tener.

Tengo la sensación de que me arrancaron el alma con una tenaza, la pusieron sobre un yunque y descargaron tantos martillazos, hasta dejármela aplastada por completo.

El deseo es mi verdad en este momento. Yo he comprendido perfectamente todo lo que ha dicho usted. Y mi entusiasmo por usted es deseo. Usted ha dicho la verdad. Mi cuerpo es mi verdad. ¿Por qué no regalárselo?

—¿De qué se ríe usted? 
—Me río porque he tocado el revólver que traje para defenderme de usted.

Dios se aburre igual que el Diablo. El uno arriba y el otro abajo, bostezan lúgubremente de la misma manera.

—Usted está loco. 
—Eso ni se duda. 
—Es que usted está loco de veras. 
—¿Hay locos en broma, acaso? 
—Sí; a veces hay locos en broma. Usted es en serio.

No le quedan fuerzas ni para respirar violentamente y bramar su pena. Una sensación de lámina metálica ciñe sus muñecas. Nerviosamente se frota los pulsos; le parece que los eslabones de una cadena acaban de aprisionarle las manos.

Supongamos que yo pudiera convertirme en Dios. ¿Qué haría yo? ¿A quién condenaría? ¿Al que hizo mal porque su ley era hacer mal? No. ¿A quién condenaría, entonces? A quien habiendo podido convertirse en un Dios para un ser humano, se negó a ser Dios. A ése le diría yo: ¿Cómo? ¿Pudiste enloquecer de felicidad a un alma y te negaste? Al infierno, hijo de puta.

¿Acaso la vida es otra cosa que la aceptación tranquila de la muerte que se viene callando?

Si nuestros comunistas tuvieran un poco de inteligencia, lo hubieran hecho…, pero ni aun algo malo es posible esperar de ellos. Se la pasan escribiendo proclamas con una sintaxis ridícula y una ortografía pésima.

Te pego por principio, porque un hombre siempre tiene que pegarle a su mujer.

Y yo, que nunca fui a recibirlo con un beso, cuando sentí un día necesidad de ir a su encuentro para abrazarlo recibí de él estas palabras frías:
—¿Para qué quiero tus besos?

¿Te das cuenta si es horrible? ¡Cuántas veces he pensado, mirando las criaturas que juegan en las plazas! ¿Cuál dentro de algunos años será un asesino? ¿Cuál de éstas una prostituta? ¡Dios mío!… Hay momentos en que dan ganas de matarse.

¿Con qué impresión podía yo escucharlo? Él, mi esposo, me venía a contar a mí sus relaciones con una prostituta. Y lo más grave era que estaba enamorado.

Experimentó algún alivio cuando pensó: “De cualquier modo, me mataré”.

Me pregunto, tristemente: ¿estoy en un planeta que me corresponde, o he venido a la tierra por equivocación? Porque sería gracioso que uno se equivocara de planeta.

¡Qué vida horrible! —Su frente se arruga en estrías poderosas. Continúa soliloquiando—: No he tenido infancia, no he tenido compañeros, no he tenido padre, esposa, ni amigos. ¿No es espantoso esto?

He estado siempre solo. Sufriendo. ¿Qué tengo que hacer? Me han roto desde chico, padre. Desde que empecé a vivir. Siempre me han roto. A golpes, a humillaciones, a insultos. He sufrido, padre.

El alma le duele como una torcedura de pie. Ahora se ha movido la piel de su frente; aprieta los párpados y enreja su semblante entre los diez dedos de sus manos.

Su alma tiene sueño. Casi siempre el que tiene sueño es el cuerpo, pero su alma también quisiera dormir ahora.

La muerte no es terrible. Es un descanso amoroso, tierno, mullido. Ahora sabe lo que es la muerte. Descansará siempre, y su carne se volatilizará en el silencio de la gusanera...

En realidad, cuando mis ilusiones se las comunico a otros es para hacerlos sufrir. Hay gente que sufre cuando descubre posibilidades de éxito en sus prójimos. Hay otros tan envidiosos, que a uno no le perdonan ni que sueñe disparates.

¡Sos un hombre magnífico, Alberto! El día que te fusilen iré a la capilla a despedirte con un gran beso. Y te diré: “tené valor, mi hombre”.

Comprendióse más huérfano que nunca en la terrible soledad de la casa de todos, y cerró los ojos con piedad por sí mismo.


Ahora que tengo la historia completa de los dos libros, puedo concluir que mi personaje favorito ha sido El Astrólogo, porque creo que es quien ha sabido aprovecharse de todos para su propio beneficio. Es justamente lo que hacen los líderes políticos: venden su proyecto con tal confianza que sus seguidores lo creen, lo apoyan y están dispuestos a sacrificarse por este, porque su esperanza está puesta en el nuevo orden que les promete el político. Pero cuando ha logrado lo que desea, no duda en dejar todo y llevarse su ganancia.


Fuente: Distal Libros


Aunque El Astrólogo es mi personaje favorito, debo admitir que Erdosain tiene un lugar especial no solo en este díptico, sino en todas mis lecturas. Desde el momento en el que lo vi entrar por la puerta de la gerencia, encristalada de vidrios japoneses hasta que lo vi ocupar el asiento siete del primer coche del convoy, donde se encuentra la cabina del motorista, apoyar la cabeza en el vidrio de la ventanilla y permanecer en esa actitud hasta la estación de Villa Luro, donde lo despertó el inspector para pedirle el boleto; todo ese tiempo, estuve con él. Estuve con él cuando Elsa lo abandonó, cuando Barsut se burlaba de él y cuando, más tarde, creía que había asistido a su asesinato en complicidad del Astrólogo. Estuve con él cuando se subió al tren 119.

Acá pueden leer y descargar la novela en PDF. ¡Felices lecturas!