viernes, 22 de febrero de 2019

Frases de "El Hombre Sentimental" de Javier Marías



Marías

Javier Marías es un escritor español nacido en 1951 que se ha convertido en uno de mis autores favoritos. Lo conocí gracias a mi novio. Él trajo, por casualidad y curiosidad, El hombre sentimental de un viaje que hizo —como no sabíamos de su existencia, no habíamos reparado en que en El Salvador también había parte de sus novelas—. Ese libro lo trajo para él, pero decidimos leerlo juntos —el primero que leímos juntos— y nos encantó, aunque he de decir que al principio no me atrapó el título. Después de eso creo que hemos comprado unos cuatro libros más de él, donde se encuentra la trilogía de Tu rostro mañana.




Marías tiene una vasta variedad de novelas, ensayos, artículos, relatos, literatura infantil y traducciones. Ha sido galardonado con muchos premios, incluyendo el Premio Herralde (1986) y el Premio Internazionale Ennio Flaiano (2000) por El hombre sentimental. En el 2008 fue nombrado miembro de la Real Academia Española (sillón R, como cargo vitalicio). La forma en la que nos introduce a la psique de los personajes ha sido muy bien recibida por la crítica que lo ha catalogado como uno de los mayores representantes de los escritores españoles contemporáneos.




El hombre sentimental

En uno de sus tantos viajes a Madrid, un cantante de ópera conocido como el León de Nápoles, se encuentra con tres personas: los esposos Manur y su acompañante, Dato. Manur, un poderoso banquero belga, siempre de viaje y atendiendo compromisos sociales, se ve en la necesidad de procurarle a Natalia Monte, su mujer, una compañía que él no podría desempeñar en su papel de marido. Es así como Dato se vuelve el compañero permanente de la señora Manur. Natalia aceptó casarse con Manur en una unión arreglada por su hermano —el de Natalia—, Roberto, en un intento de salvar la vida de su padre y madre. Luego de la muerte de sus padres, Natalia sigue atada a Manur por razones similares y más fuertes, quizá.




Dato, siempre acostumbrado a crear conexiones sociales con desconocidos por su trabajo de acompañante de Natalia —que lo ha llevado a relacionarse con personas lejanas a su círculo regular y a conocer sobre temas de los que jamás se interesaría a no ser por la mujer de su cliente—, tiene un primer encuentro personal con el cantante en el bar del hotel donde se hospedan. De ese primer encuentro, en el que el León de Nápoles empieza a conocer cómo funciona la relación de Manur y Natalia, se desencadenan otros encuentros en los que el cantante conoce más íntimamente a Natalia, quien siempre está en compañía de Dato.




El León de Nápoles tiene una idea clara de quiénes son Natalia y su marido: los había visto, y escrutado, y analizado, e incluso definido: un explotador y una desdichada, un potentado y una melancólica, un ambicioso y una desquiciada. Eso es lo que el cantante piensa cuando Dato, al encontrarlo en el bar de hotel, le pregunta si recuerda a las dos personas con las que viajaba. Pero puede que tanto Dato, como Natalia o Manur, su rival, le muestren que sus conjeturas estaban equivocadas. O quizá sus encuentros, con los tres, solo le confirmen lo que pensó al verlos en el tren a Madrid. Un dato —con minúscula—: las intenciones de los cuatro involucrados en este triángulo amoroso no deben ser subestimadas. Nadie es víctima aquí.

Estas son unas de las frases que pude recuperar de mi lectura:

Quizá fuera eso lo único que le faltara en la vida: que sus deseos fueran entendidos y cumplidos sin necesidad de hacerlos saber.


Bien sé que no hay sometimiento más eficaz ni más duradero que el que se edifica sobre lo que es fingido, o aún es más, sobre lo que nunca ha existido.


Es la forma de nuestra muerte lo que debemos cuidar, y para cuidarla debemos cuidar nuestra vida, porque será ésta, sin ser nada en sí cuando cese y sea sustituida, lo único que sin embargo será capaz de hacernos saber al final si morimos como un imbécil o si morimos aceptablemente.


Tú eres mi vida y mi amor y mi vida de conocimiento, y porque eres mi vida no quiero tener a mi lado a otra persona que tú cuando muera.


Pero no quiero que llegues de pronto a mi lecho de muerte tras saber que agonizo, ni que acudas a mi enterramiento para despedirme cuando yo ya no te vea ni pueda olerte ni pueda besar tu cara, ni tan siquiera que aceptes o busques acompañarme en mis últimos años porque los dos hayamos sobrevivido a nuestras respectivas y lastimeras o separadas vidas, pues no me basta.


No podría soportar que en esa hora tú fueras sólo recuerdo y estuvieras mezclada, y pertenecieras a un tiempo lejano y borroso que es nuestro nítido tiempo de ahora, porque es el recuerdo y el tiempo lejano y la mezcla lo que más detesto y lo que siempre he intentado rebajar y negar...


Por eso no debes marcharte ahora, porque si ahora te marchas me quitarás no sólo mi vida y mi amor y mi vida de conocimiento, sino también la forma de mi muerte elegida.


—¿Y si muriera yo antes?
—Todo pudiera ser. Pero tu muerte sería también la mía.


Me escuchaba tan atenta y compasivamente como si estuviera oyendo narrar las desventuras y privaciones de un niño de Dickens.


Deseaba por encima de todas las cosas aniquilar a aquel hombre y seguir viendo a diario a Natalia Manur: no sólo en Madrid, no sólo con Dato, no sólo mientras ensayaba el Otello de Verdi en el Teatro de la Zarzuela de mi antigua ciudad.


Qué cansado es querer, pensé. Afanarse, proyectar, ambicionar, no poder contentarse con la perseverancia y la inmovilidad.


No tengo ilusión por Berta, cuando regreso a casa no me alegra demasiado verla, ni siento la necesidad ni el deseo de acostarme con ella en seguida (...). De hecho me ilusiona más convocar a una puta de lujo en mi habitación de lujo en algunas de mis soledades mayores de mis viajes musicales.


No se podía andar por los pasillos de un hotel dignificado con tela tan reducida y tan pegada a la piel.


¿Y qué diría Berta si llegaba a saberlo? Pero recordé que Berta ya no iba a estar en mi vida.


Son siempre las mujeres las que imponen el tono que desean en un encuentro o una conversación. Hasta la puta Claudina era capaz de desarmarme y hacerme desistir de mis intenciones primeras con tan sólo no fijar sus ojos en mí.


Ella descruzó en seguida las piernas para facilitarme la caricia, pero en ese movimiento no había provocación, sino dejadez.


Colgué y fui a abrir con la sensación de estar sucio (no lo estaba), mal vestido (no lo estaba), nervioso (sí lo estaba) y sin acabar de arreglar (lo estaba también, y no sabéis cómo me descompone que alguien me vea sin acabar de arreglar).


Yo pensé dos cosas a la vez: ‘Manur conoce expresiones de mi lengua que los extranjeros no suelen saber’, y ‘‘¿Le pregunto ahora si ha venido a hablar de mi barba, si debo rendirle cuentas acerca de si me afeito o no?’


Me refiero a su llamada a nuestra habitación pasadas las doce y media. ¿No se acuerda? Yo descolgué el teléfono y entonces usted colgó sin decir nada. Una cosa más bien fea, no se hace.


Aquel banquero belga lo sabía todo, pensé asustado: tanto de mi lengua como de mi noche anterior. Hasta había hablado con la puta Claudina. ¿Cuándo? Las putas no madrugan.


—Óigame, Manur, todo esto es una exageración.
—Quizá. Yo puedo permitirme la exageración.


No nos andemos con juegos, señor cantante —respondió Manur, y me molestó que me llamara así—. Usted sabrá ya, a estas alturas de su amistad con mi mujer, que nuestro matrimonio se rige por unas condiciones muy particulares.


No he visto nunca a ninguna otra persona con tanta voluntad de perseverancia en su elección y en su amor. Es más, ahora sé que fue Manur quien me contagió, o bien que fui yo quien se expuso a contaminarse o lo quiso imitar.


Llevo quince años esperando a ser amado por Natalia Monte, mi mujer; usted, en cambio, es un advenedizo, señor.


Llevo quince años esperando a que sea ella la que me ame a mí. Y mientras no exista otra persona, mientras ella no tenga ninguna ilusión y no la quiera nadie más, yo sé que puedo esperar, o al menos ir cumpliendo, un año tras otro, mi viejo propósito de pasar a su lado mi vida entera.


No me complique la vida ni se la complique usted. Mi mujer no es buen negocio, créame que no hay ganancia.


No es capaz de comprender que si él quiere olvidar a Berta Viella, entonces no habrá nadie más que la quiera recordar


Yo no puedo obrar una palingenesia, no la quiero recordar; es más, como ya he dicho antes, ni siquiera la recuerdo ya.


Tampoco yo lo sabía: la mayor parte de las veces uno no sabe cuándo ha sido tomado ni cuándo ha sido dejado.


Es difícil saber a quién se favorece con una acción o con una omisión, pero también uno se cansa de no tener preferencias.


Yo cerré la puerta y, casi sin saberlo, hice llover besos sobre su rostro con callado ardor, como si tuviera prisa por llegarle al alma. Besé sus mejillas pálidas, su dura frente, sus pesados párpados, sus grandes y desvaídos labios. Y, casi sin saberlo, ella se sintió levantada por mi poderoso abrazo, como si yo hubiera lanzado una ola sobre su cabeza que la agotaría con su solo paso.

Cuando mueras yo te lloraré de veras. Yo me acercaré hasta tu rostro transfigurado para besarte con desesperación los labios en un último esfuerzo, lleno de presunción y de fe, por devolverte al mundo que te habrá relegado. Yo me sentiré herido en mi propia vida, y consideraré mi historia partida en dos por ese momento tuyo definitivo. Yo cerraré tus reacios y sorprendidos ojos con mano amiga, y velaré tu cadáver emblanquecido y mutante durante toda la noche y la inútil aurora que no te habrá conocido. Yo retiraré tu almohada, yo tus sábanas humedecidas. Yo, incapaz de concebir la existencia sin tu presencia diaria, querré seguir sin dilación tus pasos al contemplarte exánime. Yo iré a visitar tu tumba, y te hablaré sin testigos en lo alto del cementerio tras haber ascendido por la pendiente y haberte mirado con amor y fatiga a través de la piedra inscrita. Yo veré anticipada en la tuya mi propia muerte...

En este enlace podrán descargar el libro en formato ePub. Para poder leerlo, deben descargar el archivo y abrirlo en un lector ePub o, si tienen el navegador que viene con el Windows 10 (Microsoft Edge, el sustituto de Explorer), podrán abrirlo desde ahí. ¡Felices lecturas!

viernes, 25 de enero de 2019

Frases de "Cuentos de Barro" de Salarrué

Salarrué, seudónimo de Salvador Efraín Salazar Arrué, fue un artista salvadoreño que nació en 1899 y murió en 1975 en su casa ubicada en Los Planes de Renderos, San Salvador; donde hoy se encuentra la Casa del Escritor, lugar que funciona como museo y semillero para nuevos artistas literarios. Aunque su faceta más conocida fue la de escritor (con cuentos, poemas, ensayos, teatro, novelas y artículos cortos), también tuvo trabajos que destacaron —y siguen sorprendiendo— en dibujo, pintura, escultura y música. Todo esta amplia producción artística fue incorporada por la UNESCO al Registro Latinoamericano de Memoria del Mundo en noviembre de 2016, como un reconocimiento al invaluable trabajo del artista salvadoreño.




Cuentos de Barro fue publicado por primera vez en 1933, y es, quizá, el libro con el que el mundo hace referencia a la literatura salvadoreña, siendo uno de los más publicados y leídos. Salarrué plasmó en sus páginas un El Salvador que permanece para siempre, donde la vida del campesinado salvadoreño fue retratado de forma tal que al leer los cuentos estamos allí, junto al niño inocente, istúpido y travieso; con el campesino que posee la religión, la brujería y los secretos de la tierra para sobrevivir; con las mujeres que deben obedecer a los hombres, atender a los hijos y cuidar la casa. Cuentos de Barro no es un libro moralista, pero es inevitable reflexionar con cada cuento. Cada historia nos enfrenta a situaciones cotidianas, unas más cercanas a nosotros que otras, pero con lazos en común que nos conectan, nos atan, indudablemente: el espíritu humano, el instinto de supervivencia, el amor a los nuestros —a veces más bestial que fraternal—, la maldad de unos contra otros, las explicaciones ingenuas —o ignorantes— a lo que desconocemos.

Con una mezcla de lenguaje popular y culto, Salarrué construye imágenes hermosas que demuestran un dominio excepcional de la lengua. La captura de la esencia del habla del campesino, la riqueza en figuras literarias y la utilización precisa de los diálogos —incluyendo la ausencia de ellos— hacen de Cuentos de Barro una joya de la Literatura; así, con mayúscula y sin el adjetivo salvadoreña. Salarrué presenta sus cuentos en Tranquera, y lo hace de esta manera:
Como el alfarero de Ilobasco modela sus muñecos de barro: sus viejos de cabeza temblona, sus jarritos, sus molenderas, (...); así, con las manos untadas de realismo; con toscas manotadas y uno que otro sobón rítmico, he modelado mis Cuentos de Barro.

(...) Pobrecitos mis cuentos de barro... Nada son entre los miles de cuentos bellos que brotan día a día; por no estar hechos en torno, van deformes, toscos, viciados; porque, (...) ¿Qué sabe el rojizo tinte de la tierra quemada de lakas y barnices?; y el palito rayador, ¿qué sabe de las habilidades del buril?... Pero del barro del alma están hechos; y donde se sacó el material un hoyito queda, que los inviernos interiores han llenado de melancolía. Un vacío queda allí donde arrancamos para dar, y ese vacío sangra satisfacción y buena voluntad.

Allí va esa hornada de cuenteretes, medio crudos por falta de leña: el sol se encargará de irlos tostando.



En la tesis de Marta Sánchez Salvà para la maestría en Español y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Bergen, Noruega; titulada El «regionalismo» en Cuentos de barro de Salvador Salazar Arrué (Salarrué), se hace una categorización de estos cuentos, y se plantean ejemplos de cada categoría. Estas categorías pueden servir para visualizar la riqueza en las temáticas abordadas en el libro. Las categorías que propone Sánchez Salvà son: cuentos de animales, cuentos de niños, cuentos de pasión y cuentos de hombres.

En la categoría de cuentos de animales, el ejemplo que se toma es De caza. Todos estos cuentos de animales nos muestran la relación del hombre con los animales; particularmente, De caza, muestra cómo el hombre, en su afán de cazar, puede convertirse en su propia presa. Dos hombres se encuentran cazando en el campo, contemplan sus presas —cinco palomas y un conejo—, las presumen y se enorgullecen del resultado de sus habilidades de cazador. De pronto, un disparo. Luego otro. El silencio del mediodía se desgarraba, como una película de coágulo sobre un estanque; poco a poco las desgarraduras iban cerrándose, hasta que la cerrazón de calma recobraba su pesantez. Salarrué nos obliga a adivinar ciertas acciones que quedan sugeridas en las lecturas, y la intriga que introduce al final de este cuento, es prueba de ello.

Para el caso de cuentos de niños, se ubican aquellos cuentos en los que niños y niñas son protagonistas del cuento o cumplen un papel fundamental para que la trama se desarrolle. El uso —y abuso— del poder del adulto sobre el menor se ve reflejado clara y tristemente en estos cuentos. El circo, el cuento analizado por Marta, relata las aventuras de un grupo de niños que, curiosos por el circo que ha llegado al pueblo, se las arreglan para ver el espectáculo. La ignorancia, la inocencia y la imprudencia de los niños se ven retratadas en este cuento, así como el papel de los adultos como protectores y abusadores de quienes no encajan en su mundo: En aquel pueblo de niños, sólo los cipotes se bían quedado ajuera. Ispiaban por onde podían, subiéndose algunos hasta las puntas de los cercanos jocotes, contentándose con ver el bailoteo de uno quiotro trapo de color, o el relámpago misterioso de las lentejuelas en las mecidas de los trapecios.





En los cuentos de pasión se incluyen esos en los que existe una relación entre un hombre con una mujer con connotación sexual, que se mueve en el espectro desde el simple deseo hasta el acto sexual consumado. Como parte del contexto social en el que se desenvuelven los personajes, estos cuentos conservan el pensamiento de que la mujer debe perder la virginidad solo con su esposo, mientras que el hombre puede ejercer libremente su sexualidad. El cuento que representa esta categoría es La brusquita, la historia de Polo, un hombre de campo, que ve interrumpida su vida solitaria por la llegada de una prostituta de la ciudad, la brusquita: De allá de la carretera, de bien abajo, venía cargando con ella. La bían arronjado diun utomóvil. Él bía visto el empujón y el barquinazo. Iban todos bolos y ella lloraba a gritos. Cayó en pinganiyas, y, dando una güeltereta, sembró la cara en el lodo y se quedó aletiando. Este encuentro entre dos mundos distantes —ella, prostituta de la ciudad; él, de campo y con poca o ninguna experiencia con mujeres—, generará una serie de cuestionamientos en Polo, la brusquita y el lector.

Los cuentos de hombres nos dicen cómo los hombres —no como género humano, sino como persona masculina— se relacionan entre ellos y con el resto de las personas —inferiores por ser distintos—: mujeres, niños y niñas. Como lo explica Sánchez Salvà, estos cuentos muestran cómo la vida de los hombres y sus relaciones sociales están determinados por algo más grande que ellos mismos. Las normas e instituciones que han creado se convierten en su jaula de hierro. La botija es el cuento seleccionado en esta categoría y cuenta la historia de José Pashaca. Empujado por la muerte de su madre, y movido por las historias del viejo Bashuto, Pashaca se lanza a trabajar arando la tierra, para buscar botijas —cántara de barro alargada utilizada por las generaciones pasadas para ocultar tesoros bajo tierra o en los muros de las casas—: Como en esos días se murió la Petrona Pulunto, José levantó la boca y la llevó caminando por la vecindad, sin resultados nutritivos. Comió majonchos robados, y se decidió a buscar botijas. Para ello, se puso a la cola de un arado y empujó. José Pashaca deberá demostrar que lo que él persigue es real y digno de admiración; no puede dejar ver que su orgullo fracasó, solo eso puede ser mayor que su holgazanería. 

En total, son 33 los cuentos que Salarrué nos regala en este libro, y estas son las frases que más me gustaron —cada frase especifica a qué cuento pertenece—:

—¿Qué quiere, mama?
—¡Qués nicesario que tioficiés en algo, ya tas indio entero! 
→ La botija


José Pashaca se dignó arrugar el pellejo que tenía entre los ojos, allí donde los demás llevan la frente. 
→ La botija


Cuando la Juana lo conoció, sintió que el corazón se le había ahorcado. Ya no tuvo tiempo de escaparse; y sin saber por qué, lo esperó agarrada de una hoja. 
→ La honra


—¡Babosa! ¡Habís perdido lonra, que era lúnico que tráibas al mundo! ¡Si biera sabido quibas ir a dejar lonra al ojo diagua, no te dejo ir aquel diya; gran babosa!... 
→ La honra


Él no sabía ni poco ni mucho cómo sería lonra que bía perdido su hermana, pero a juzgar por la cólera del tata, bía de ser una cosa muy fácil de hallar. Tacho se maginaba lonra, una cosa lisa, redondita, quizá brillosa, quizá como moneda o como cruz. 
→ La honra


Y Goyo Cuestas, que nunca en su vida había hecho una caricia al hijo, lo recibía contra su pestífero pecho, duro como un tapexco; y, rodeándolo con ambos brazos, lo calentaba hasta que se le dormía encima, mientras él, con la cara añudada de resignación, esperaba el día en la punta de cualquier gallo lejano. 
→ Semos malos


Y lloraron los ladrones de cosas y de vidas, como niños de un planeta extraño. 
→ Semos malos


Las hojas enormes de los majonchos le hacían cosquillas a la casa con las puntas. Sus sombras, en forma de cejas, se mecían en las paredes, que parecían hacer muecas nerviosas. En un ventanuco que estaba en la culata una araña había enrejado, por si abrían...  
→ La casa embrujada


Agrupados en la orilla, los moradores del valle escrutaban la noche. Los gritos habían levantado a las gentes. La ña Gerónima, gorda y grasienta, con su delantal de cuadros azules, comentaba temblorosa.  
→ De pesca


Se llamaba Agruelio; era casi joven, casi viejo; su cara era rostro. Sonreiba beatíficamente, con la dulzura triste de las bocas sin dientes.

→ El sacristán


—Ve vos, yo sé lo que te digo: nuai más dolor quel de parir...
Polo asintió, con sencilla nobleza de irnorante. Se despidió la vieja y se fue; y el indio, que vivía solo allí, descolgó la guitarra, como quien apecha la tristeza sin temor; y liayudó al cielo a dir pariendo estrellas en la tarde. 
→ La brusquita


El pelo lo andaba al jaz de la nuca; era blanca y suavecita, suavecita como algodón de ceiba. Cuando abrió los ojos vido que los tenía prietos y brillosos, como charcos diagua en noche de relámpagos. 
→ La brusquita


Pasaba todo el día tirada boca arriba en la cama, descalza su blancura y triste el negror de sus ojos que le sonreiban agradecidos.

→ La brusquita


Polo quería decir algo, quería sacar ajuera el ñudo que se le bía hecho en la garganta; pero no salía: era como una espina de pescado y no salía más que por los ojos. Ella lo miraba sonriente. 
→ La brusquita


La Tina y Nacho no habían tenido juguetes nunca. Jugaban de muñecas, con caragües vestidos de tuzas; de tienda, en la piladera; de pulicía, con olotes; y de pelotas, con bolas de morro.  
→ Noche buena


La ña Grabiela taba quejándose, y se jue callando, y se jue callando, y se jue callando... hasta que se calló.  
→ Esencia de "azar"


Colgó el audífono con la lentitud y parsimonia de quien coloca una corona sobre una tumba. 
→ En la línea


Cuando el pito del tren sonó en la distancia, él lo confundió con un sollozo demasiado retenido, que se hace grito en las entrañas. 
→ En la línea


—Mirá, Lupe —le dijo—, andá con cuidado con la Cande: ya maliseya...
—¿Eh?...
—No me gustan tantito, sus caídas diojos, sus pandiadas al pararse. Méi fijado que deja a ratos de moler y se come las uñas; además, le ondeya el pecho como a las palomas. Andá con cuidado, te digo...  
→ El contagio


Cuando lo llamé aparte y le recomendé que la tratara con primor, no fuera ser que se asustara, se echó a rir y me dijo: «No siaflija por babosadas, esa yes cosa antigua: asigún colijo, la tengo ya empreñada dende hace un mes». 
→ El contagio


—Cuando vos naciste taba lloviendo tieso...
—¿Eeee?...
—Meramente como hoy... Tu nana tenía friyo; jue como a las diez de la noche.
—¡Pobrecita mi nana!...
—Sí pué, pobrecita... 
→ Hasta el cacho


Su propio llorar lo había llevado al borde de la quebrada: allí silencioso, allí sombrío; allí, donde lloraba el suelo. Sentado en el hojerío, debajo de los charrales, se quería morir diambre. 
→ Hasta el cacho


Despegándose del pecho de Pedrón, con un dolor que retorcía su cara como un trapo, para estrujar las últimas gotas, el niño le miró fijo y, tras un esfuerzo inmenso, logró gotear:
—¡Pa...pa!... 
→ Hasta el cacho


Siempre María estaba un grado abajo de los suyos. Cuando todos estaban serios, ella estaba llorando; cuando todos sonreían, ella estaba seria; cuando todos reían, ella sonreía; no rió nunca. Servía para buscar huevos, para lavar trastes, para hacer rír... 
→ La petaca


—¿Y vos crés en la Zigua, O?
—Yo no, ¿y vos?
—¡Yo no creyó! Si querés, vamos a ver qué jue eso.
—Andá vos, aquí tespero. 
→ La Ziguanaba


Sentía mesmamente el olor del aserrín de cedro: un olor que le hacía llorar por la Tina y el cipote. 
→ Serrín de cedro


El heroísmo es un exceso de vida que puede a veces producir la muerte. 
→ El viento


Se paraba y ponía vanos empeños por amarrar el cabo del olfato. Volvía tímido la cabeza, para mirar cuán solo estaba. Entonces su grito lastimero hacía un rasguño en el viento.  
→ El viento


A lo lejos, como un punto negro en la explanada, iba nadando hacia lo incierto. Aquella cosa tan mísera, bajo el furor del cielo, era un dolor grandioso.

→ El viento


El padre estaba todo él sentado en un sillón y la Chana estaba toda ella sentada en el padre. Su cachete rosado se posaba dulcemente en el cachete azul del cura, como una madrugada sutil se posa sobre áspera montaña. 
→ El padre


Iba, humilde y shuca en la frescura dorada de la tarde, dejando pintada en el barro la flor de su patita.  
→ La repunta


Mama, ¿yen el injierno habrán hoyitos para mirar lo que andan haciendo en el cielo?... 
→ El circo


Todos llevaban los ojos y las narices fijas en el cíelo, como si husmearan la lluvia de bendición. 
→ La respuesta


La Pabla hundió más la cabeza en el refajo. Sus trenzas prietas resbalaron hasta tocar el suelo, dionde chupaban, como ráices, la idea de un morir, con mucha tierra. 
→ La tinaja


—Testoy hablando...
—¡Irte, irte de mi lado, engrato que me bis arruinado!
—¡Pero, si nues nada, usté; no siamelarchiye, ya le va pasar!...
—¡Sí, pue, le va pasar pue!, ¿y nués casado, pue?...
—Sí, pero yo a vos te quiero y tiastimo, no siapesare por babosadas. 
→ La tinaja


Traye la suerte y traye la muerte. Tal vez la suerte es una muerte; tal vez la muerte es una suerte. 
→ El mistiricuco


Felipe y Chema eran hermanos a la pura juerza; hubieran deseado no serlo. Chema era el menor y por tanto aguantaba más la hermandad. 
→ El brujo


—¿Qué les sirvo, mucha, la oración del puro o el muñeco de cera?
Chema no comprendía. Felipe se puso grave.
—Para éste —dijo con voz temblona— la oración; para mí, una muñeca con aljiler en el mero corazón. 
→ El brujo


El sombrero de palma dorada le servía para humillarse en saludos, más que para el sol, que no le jincaba el diente. 
→ El negro 

Para poder leer este libro, pueden descargar el PDF aquí. ¡Felices lecturas! 

viernes, 28 de diciembre de 2018

Frases de "Trilogía de la Fundación" de Isaac Asimov (III Parte - Segunda Fundación)



En Segunda Fundación (última novela de la Trilogía de la Fundación), El Mulo ya ha derrotado a la Fundación; y su imperio, bautizado como Unión de Mundos, amenaza con conquistar toda la Galaxia. La Unión ocupa una décima parte del total de los planetas habitados, y su poder crece vertiginosamente. Aunque posee la fuerza militar y tecnológica de esos planetas (entre ellos Términus, capital de la Fundación), el Mulo no necesita ese poder; posee una fuerza mayor: el poder de la conversión. A través de la conversión, el Mulo transforma la voluntad, los sentimientos y el pensamiento de sus enemigos para volverlos sus más leales servidores. Solo hay una fuerza que podría enfrentarse al Primer Ciudadano de la Unión de Mundos: la Segunda Fundación. Pero, ¿dónde está? El Mulo necesita saberlo para derrotarla y poder dar fin a su etapa de conquistas y gobernar sin ningún estorbo. Aquí empieza la historia de la Segunda Fundación.

Segunda Fundación se divide en dos partes: La Búsqueda del Mulo y La Búsqueda de la Fundación. Las dos partes fueron publicadas originalmente como novelas cortas entre los años de 1948 y 1950 (unos tres años más tarde de que las dos partes de Fundación e Imperio fueran publicadas por primera vez).




La Búsqueda del Mulo

Han Pritcher, ex capitán de la Oposición Democrática (fuerza política de oposición en Términus en los días de la Fundación), luchó contra el Mulo cuando los oficialistas se "entregaron". Pero el Mulo también convirtió a la oposición, y ahora él es el converso más útil en la Unión. El Primer Ciudadano sabe que sin la conversión, lo único que puede inspirar es repugnancia, miedo o lástima, pero jamás respeto. No descansará hasta que toda la Galaxia se rinda a él, pero para eso necesita vencer a la Segunda Fundación primero, y ya tiene un plan. Pritcher es llamado a audiencia con el Mulo, al igual que Bail Channis, un joven no converso muy astuto, quizá peligrosamente astuto para el líder de la Unión. Ambos, Pritcher y Channis, tienen una misión: encontrar a la Segunda Fundación, quienes también se preparan para la llegada del Mulo. Los segundos fundadores reconocen que en el Mulo tienen un enemigo único: fue capaz de derrotar a la poderosa Fundación, podría ser capaz de seguir interrumpiendo el curso del Plan Seldon indefinidamente, y es capaz de luchar con el poder que solo ellos creían dominar: el mental.




La Búsqueda de la Fundación

Luego de su encuentro con los segundos fundadores, el Primer Ciudadano gobernó solo cinco años más (spoiler necesario), la Fundación se independizó y volvieron a ser los responsables de velar por el cumplimento del Plan Seldon. Al menos eso creían ellos, pero la participación determinante de la Segunda Fundación en la derrota del Mulo les ha hecho confirmar que ellos son tan solo piezas de ajedrez donde una mano invisible manipula sus movimientos; los segundos fundadores son los verdaderos guardianes del Plan, y la Fundación debe encontrarlos si realmente desean ser más que marionetas. Arkady o Arcadia Darell, nieta de Toran y Bayta Darell (quienes descubren al Mulo en Fundación e Imperio), es una de las mujeres más emblemáticas de toda la saga de la Fundación (no solo de la Trilogía). Ella, junto a su padre, Toran Darell II, doctor en electroneurología, son quienes lideran la lucha contra la Segunda Fundación. El doctor Darell lucha desde Términus al desarrollar un dispositivo que le sirve de escudo y arma contra los poderes mentales de los segundos fundadores; su objetivo es que la Fundación sea completamente libre e independiente por primera vez. Arkady hace su parte al arreglárselas para viajar a Kalgan, antigua capital de la Unión de Mundos, y así descubrir la ubicación de la Segunda Fundación.

A continuación, las mejores frases o conversaciones que más me atraparon de Segunda Fundación:

¡Todas las estrellas! Todas las estrellas que podía ver y todas las que se escapaban a su vista. ¡Todas tenían que ser suyas! Se vengaría de todos. De una humanidad a la que no pertenecía. De una Galaxia en la que no encajaba.


El Mulo no necesitaba protección. El Mulo era su propio protector, el mejor y todopoderoso.


En la penumbra del atardecer iban apareciendo las estrellas, y no había ninguna de las que veía que no estuviese bajo su poder. Sonrió con pasajera amargura al pensarlo. Debían acatamiento a una persona que muy pocos habían visto.


—Está bien —fue la indiferente respuesta—. No me opongo a que aterricemos. Lo peor que puede pasar es que perdamos el tiempo.
—¡Oh, no! Lo peor sería una derrota completa, si en efecto es la Segunda Fundación. Recuerde que se trataría de un mundo habitado por quién sabe cuántos Mulos.


Nubes alargadas flotaban entre el débil fulgor de las estrellas. El espacio parecía activamente hostil. Era frío y terrible en sus mejores momentos, pero en aquellos instantes contenía a un extraño ser, el Mulo, y aquel contenido parecía oscurecerlo con su maligna amenaza.


Con fría determinación, gritó a las silenciosas cavernas de su mente: «La Segunda Fundación ha de ser descubierta y destruida.» La emoción que acompañó a aquel grito fue un odio convencido. Ni siquiera hubo el más leve matiz de duda. Cuando pensó en sustituir la frase «Segunda Fundación» por la palabra «Mulo», la sola emoción casi le ahogó y su lengua quedó paralizada.


Sólo una mentira que no estuviera avergonzada de sí misma podía tener éxito.


Existía el profundo temor del hombre hacia el hombre, la salvaje rapacidad del hombre hacia el hombre.


El hombre más irreversiblemente estúpido es aquel que ignora su sabiduría. Que usted supiera que estaba cualificado forma parte de esta misma cualificación.


Es notable lo frágil que resulta ser el romanticismo. Una pistola en la mano de un hombre nervioso puede estropearlo todo.


Nadie debería hablar antes del desayuno. No se está en buenas condiciones con el estómago vacío.


Le he dicho a menudo, señor, que usted no es el Mulo. Puede controlar naves y cañones, pero no puede controlar las mentes de sus súbditos. ¿Es usted consciente, señor, de la identidad de su enemigo? Se trata de la Fundación, que nunca sufre derrotas, la Fundación, que está protegida por el Plan Seldon, la Fundación, que está destinada a formar un nuevo Imperio.


Verán, da la casualidad de que yo sé dónde está la Segunda Fundación.


—Es obvio. —La mirada de Anthor era intensa—. La Segunda Fundación está en Kalgan. Turbor interrumpió.
—Yo he estado en Kalgan, Anthor; la semana pasada. Si allí está la Segunda Fundación, yo estoy loco. Personalmente, creo que quien está loco es usted.


—Es fácil —gruñó Darell—. Verá, da la casualidad que yo sé dónde está realmente la Segunda Fundación.


¡Por la Galaxia! ¿Cuándo puede saber un hombre que no es un títere? ¿Cómo puede saber un hombre que no es un títere?

En los siguientes enlaces encontrarán los tres libros en formato PDF para que los puedan descargar y leer. Y si aún no leen la entrada con la reseña y las frases de las primeras dos novelas, también está el enlace.


Y recuerden que si desean todos los libros descritos en la primera entrada de la trilogía, pueden escribirme a abiel.arias@gmail.com. ¡Felices lecturas!

viernes, 30 de noviembre de 2018

Frases de "Trilogía de la Fundación" de Isaac Asimov (II Parte - Fundación e Imperio)



La segunda novela de la Trilogía de la Fundación, Fundación e Imperio, fue publicada por primera vez como dos relatos individuales (novela corta) en 1945, unos pocos años después de que las últimas cuatro partes de Fundación (primera novela de la trilogía) fueran publicadas originalmente. La primera parte de Fundación, Los Psicohistoriadores, se añadió en 1951 cuando Fundación fue publicada como una sola novela dividida en cinco partes cronológicamente ordenadas. Un año después, en 1952, Fundación e Imperio fue publicada como una sola novela; así, Asimov le daba continuidad a la historia que narraba el desarrollo del Plan Seldon. Las dos partes en las que se divide Fundación e Imperio son: El General y El Mulo.

El General

Dos siglos después de haber sido establecida, la Fundación (la primera del Plan), ya se ha adueñado de los cuatro reinos que se habían independizado del dominio de lo que aún quedaba del Imperio: Anacreonte, Smyrno, Loris y Daribow. A pesar de que la Fundación controla una parte considerable de la Galaxia, los restos del Imperio aún representan la mayor fuerza: poseen tres cuartas partes de la población y de las riquezas. El Imperio, consciente del creciente poderío de la Fundación (y de la inminente caída del Imperio), declara la guerra contra la Fundación; Bel Riose, general del Imperio y gran estratega militar, encabeza el ataque contra la Fundación. El enfrentamiento entre el poder creciente, y respaldado por el Plan Seldon, de la Fundación y la fuerza milenaria de lo que alguna vez fue el gran Imperio Galáctico, de eso trata El General.




El Mulo

Una vez terminada la batalla contra el Imperio, la Fundación se enfrenta a un enemigo capaz de hacer dudar de la efectividad del Plan Seldon: El Mulo. La psicohistoria, la base científica del Plan, solo puede trabajar con masas humanas lo suficientemente grandes como para ser introducidas a las ecuaciones Seldon. El Mulo, un mutante con poderes mentales que le permiten controlar la voluntad, los sentimientos y las emociones de las personas, representa un factor fuera de los grandiosos cálculos de Seldon cuando estableció el Plan. El objetivo del Mulo: apoderarse de la Galaxia. Muy velozmente, el Mulo comienza a ganarle terreno a la Fundación, conquistando planeta tras planeta y adueñándose de sus flotas con las que pretende atacar a la Fundación. El Mulo crea un nuevo imperio, mucho más fuerte que el Imperio al que la Fundación venció en El General. La Fundación cae y el Plan Seldon se detiene peligrosamente, la aparición de un Segundo Imperio (no el del Mulo sino el contemplado en el Plan) corre el riesgo de que no suceda nunca.

Bayta y Toran, ciudadanos de la Fundación (aquí se introduce al primer personaje mujer realmente importante dentro de la Trilogía), conscientes del peligro que representa el Mulo, no solo para la Fundación, sino también para la Galaxia entera; van en busca de la Segunda Fundación, la única que posee el poder mental de enfrentarlo y derrotarlo. El Mulo también se encuentra en busca de la Segunda Fundación porque sabe que si no los derrota, su poderío nunca será total: la intrusión de ellos, la Segunda Fundación, podría significar el fin de sus planes. La ubicación de la Segunda Fundación establecida por Seldon es desconocida para la Primera, y Bayta y Toran deben apresurarse a encontrarla porque el Mulo ya posee el poder bélico y tecnológico de la Fundación.




En mi opinión, Fundación e Imperio es la más interesante de las tres novelas, porque Asimov introduce giros muy sorpresivos a la historia. La guerra del Imperio contra la Fundación, la aparición del Mulo y la búsqueda de la Segunda Fundación agregan elementos inesperados a la historia, y no es solo la aparición de ellos, sino los cambios que se producen en el mismo Plan Seldon por la interacción principalmente entre el Mulo y la Primera Fundación en la búsqueda de la Segunda. Todos estos hechos que parecen ponerle un alto al Plan o desviarlo por completo de lo previsto por Seldon, tienen un gran peso en la tercera novela: Segunda Fundación. Para que todos esos giros tengan el factor sorpresa que tanto me ha gustado de Fundación e Imperio, recomiendo no leer los artículos de Wikipedia sobre ninguna de las novelas de la trilogía porque contienen muchos spoilers. Es mucho mejor leer los libros sin esos detalles. Ahora, acá están las frases de Fundación e Imperio:

Acepto el desafío. Será una mano muerta contra una voluntad viva.

Un traidor incompetente no es un peligro. Son los hombres capaces los que hay que vigilar.

Me están acusando de modestia, un horrible crimen totalmente antinatural.

— En tal caso, ya no quedan enemigos.
— Hay una Segunda Fundación.
— ¿Al otro extremo de la Galaxia? Tardarán siglos en llegar a ellos.

— Lo sé, Bay..., no es exactamente un cambio agradable, ¿verdad? Me refiero a esto, después de la Fundación.
— Es un cambio horrible, Toran. Nunca debí casarme contigo.

Anda, tonto. Ahora haz una mueca de disgusto y mírame como un patito moribundo antes de reclinar tu cabeza en mi hombro para que yo acaricie tus cabellos llenos de electricidad estática.

Es una lección invariable, a la humanidad que la distancia en el tiempo, y asimismo en el espacio, da perspectiva a las cosas. A propósito, no consta en ninguna parte que la lección haya sido aprendida de modo permanente.

La vida conyugal había enseñado a Toran la futilidad de discutir con una mujer en un mal momento. Se encogió de hombros y se fue.

Y si la Segunda Fundación no vence al Mulo, las cosas irán mal... definitivamente mal. Tal vez signifique el fin de la raza humana, tal como la conocemos.

Los músculos de Toran casi estallaron en un espasmo, pero no se distendieron; Toran tuvo la sensación de que ya no volvería a separar los dientes.

Estoy convencido de que la Segunda Fundación puede ganar, si no es atacada prematuramente por el Mulo. Se ha mantenido en secreto; este secreto debe guardarse; tiene un propósito. Debéis ir allí; vuestra información es vital.... puede cambiarlo todo. ¿Me escucháis?

— Así que eres una mujer del Mulo. ¡Te ha captado!
Bayta alzó la mirada, y su boca se torció en dolorosa mueca.
— ¿Yo, una mujer del Mulo? Esto sí que es una ironía.

Se acabó, Toran; ahora puedo hablar. Ignoro cuánto podré sobrevivir. Pero puedo empezar a hablar...

Torie, estas cosas no suceden en la vida real. Tú y yo somos personas insignificantes; no vamos de un vértice político a otro, continuamente, por espacio de un año..., a menos que llevemos el vértice con nosotros. ¡A menos que llevemos con nosotros la fuente de la infección! ¿Comprendes ahora?

— ¿Este es el fin? —preguntó Bayta.
— Este es el fin.
— Y ahora, ¿qué?
— Continuaré con mi programa.

Los siguientes enlaces son para leer los libros: Fundación (primera novela), Fundación e Imperio (segunda novela), Trilogía de la Fundación (que contiene la tercera novela: Segunda Fundación). Si desean los libros de los tres Ciclos completos (descritos en la entrada de Fundación), escriban a abiel.arias@gmail.com. ¡Felices lecturas!